Una máquina imperfecta

Hace poco, Ramón Forcada, jefe de mecánicos de Jorge Lorenzo, me definía a la motocicleta “como un desastre de vehículo”. Un punto de vista muy de ingeniero que Forcada ejemplificaba con la imperfección científica que supone que una MotoGP pase de rodar a una velocidad brutal de 340km/h a hacerlo a menos de 80km/h –en el paso por curva- en muy poco tiempo.

Una diferencia que el técnico juzgaba como brutal, siendo muy difícil mejorar ese máximo que alcanzan en el momento en que van a máxima inclinación sobre una superficie de contacto mínima del neumático con el asfalto. Así que, sí, las motos de competición son imperfectas, como imperfecto es todo lo que pasa alrededor del Mundial de Motociclismo.

Los equipos técnicos y pilotos no dan muchas veces con la tecla de la puesta a punto idónea para un entrenamiento o una carrera, los deportistas a veces no tienen su mejor día o no toman la mejor decisión posible, la pista no reúne las condiciones idóneas, la climatología da la espalda, las escuderías no consiguen cubrir sus presupuestos, los pilotos viven con la soga al cuello pendientes de resultados y recursos económicos…

Un sin fin de imperfecciones que deben de tenerse siempre en cuenta a la hora de valorar lo que luego luce en pantalla, en las informaciones de los periódicos, crónicas de radio, internet, etc. Y, no, no se trata, como gráficamente dice un personaje de una conocida serie de televisión de “abrir el cajón de la mierda”; es más bien el tratar de analizar con cierto reposo lo que ocurre delante y detrás de la competición de dos ruedas más importante del mundo.

Como tuve la suerte de comenzar en el Mundial desde dentro, trabajando durante tres temporadas en una escudería de 125cc que a la vez competía en el CEV, he podido ver la perspectiva desde abajo. Y aunque es difícil con una competición tan intensa con tres cilindradas, dos días con seis sesiones de entrenamientos, y otro con tres calentamientos y otras tantas carreras, sigo intentando –más bien es una afortunada obligación a la que me lleva trabajar para la publicación especializada ‘Solo Moto’- fijarme en lo que sucede en la ‘periferia del paddock’, allí donde muchos empiezan, muchos otros acaban y donde, por suerte, suele concentrarse la máxima emoción en pista. Algo que se está viendo este año tanto en Moto2 como en la nueva Moto3 en cada uno de los Grandes Premios que hasta este momento se han disputado.

Este es un poco el objetivo de este blog, dar cabida a cosas que suelen pasar más desapercibidas o que pierden espacio por el natural peso de MotoGP, sin olvidar también la trascendencia que tiene en todo lo que ocurre fin de semana tras fin de semana –y muchas veces en los parones también- lo que acontece en la zona noble del campeonato. Porque, por suerte, incluso con las complicaciones que provoca día a día la negra situación económica global –que es el ámbito del Mundial- la competición sigue estando muy viva, generando información y levantando el interés de aquellos que aman este deporte.