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Reportaje Kevin Swantz

Kevin Schwantz: El célebre 34

Texas, tierra de cowboys, ha dado uno de los pilotos más grandes de la historia del motociclismo. Sin necesidad de tener el palmarés más grande de este deporte sí que ha sido uno de los más carismáticos de todos los tiempos y a pesar de contar sólo con un título de la clase reina (algo que no pueden decir otros pilotos importantes), el nombre de Kevin Schwantz continúa levantando pasiones. Sólo puede entenderse así por tratarse de un piloto de leyenda, y qué leyenda… MELA CHÉRCOLES

El célebre 34 compartió pista con pilotos tan importantes como Rainey, Lawson, Doohan o Gardner, brillando tanto o más que cualquiera de ellos con las indomables 500cc. Fue siempre fiel a una Suzuki que en ocasiones era un botijo en comparación con las Yamaha o las Honda. Tenía una peculiar filosofía de carreras: vencer o morir, que le llevó a caerse muchas veces y a ganar 25 GGPP, uno más que su enconado rival, Rainey, a pesar de que el californiano conquistara tres títulos. Es decir, que su carisma trasciende a sus números.

Es de justicia reconocer que el único título de Kevin, en 1993, se vio favorecido por la desgraciada caída de Rainey en Misano de ese año, con la desgracia de que el californiano quedaría postrado en una silla de ruedas a partir de ese día. Pero también hay que recordar que esa temporada le estaba yendo muy de cara al texano hasta que Doohan les tiró a él y a Barros en Donington Park, costándole una lesión de muñeca que le mermó para el resto de la temporada.

El 34 fue el sucesor a nivel de popularidad de Barry Sheene, que recomendó su fichaje a Suzuki, la fábrica con la que fue dos veces campeón del medio litro, y el antecesor de Valentino Rossi, que siempre se ha considerado un admirador de él. Ellos tres eran y son partidarios del espectáculo, dentro y fuera de la pista, con celebraciones espontáneas y divertidas que les acercaron aún más a los aficionados.

Virtudes populares al margen, el estilo agresivo de pilotaje de Schwantz le llevaba a hacer las frenadas más imposibles que se han visto sobre dos ruedas. Puede dar fe de ello Rainey, perfecta víctima propiciatoria en Hockenheim o Donington Park. Esas imágenes del 34 recuperando distancias imposibles, en algunos casos con espectaculares rebotes de la rueda trasera, siguen estando presentes con millones de reproducciones a través de youtube.

Por todas esas cosas y algunas más, el 34 está muy presente en la memoria de innumerables aficionados, un 34 cargado de simbología, porque hizo célebre un dorsal que tiene historia… Ese dorsal era el de su tío Darryl Hurst, hermano de su madre, cuando Kevin se fue a California a probar una Yoshimura de SBK y asumió ese número como propio, porque heredó la cazadora con la que corría su tío. En ella se mezclaban los colores azul y rojo, con el 34 en ambas mangas y a la espalda, en grande y bajo el nombre de Hurst. Por la parte delantera ponía Yamaha, marca de motos que vendían en el negocio familiar de su abuelo, con el nombre Hurst Supply. Era originariamente una tienda de bicicletas y cortacésped que empezó a vender a motos en 1964, el año del nacimiento de Kevin. Y también el nombre de Ossa, marca con la que corrió su tío alguna vez en carreras locales. De ahí tanta fidelidad al 34, que sólo cambió por el 1 en la temporada de 1994, la única que corrió como vigente campeón, ya sin motivación al no estar Rainey en la pista, dicho por él mismo, y machacado por las lesiones y sin el hambre que le generaba conseguir su primer título. Por cierto, que en la base de ese dorsal número 1 incluyó un pequeño 34, para que también estuviera a su lado.

El Pajarito, como se le apodó por su aspecto desgarbado y su pelo rubio al llegar al Mundial de manera permanente en 1988, se retiró con la temporada de 1995 en marcha, por estar desmotivado. En la actualidad es embajador del circuito de COTA, en Austin, en el que se disputa el GP de Las Américas, y no ha dejado nunca de aparecer por los circuitos. El piloto que más se le pareció, según él, fue Marco Simoncelli, y sintió mucho su dramática pérdida. Este año, en Texas, puso la carne de gallina verle abrazarse a Paolo Simoncelli, su amigo, el amigo de todos.

 

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